Si los objetos que nos sirven sienten éxtasis, se preocupan mucho más por sí mismos que por nosotros y, por consiguiente, nuestro propio disfrute se ve afectado. La idea de ver a otra persona experimentar el mismo placer lo reduce a un tipo de igualdad que arruina los encantos indescriptibles que provienen del despotismo.
Marqués de Sade
Curiosamente, la mayor población del BDSM se compone de sumisos machos. Así que, quien no tenga uno, es porque no quiere.
El orgasmo del sumiso macho está ligado a la eyaculación, a diferencia del sumiso hembra, que puede orgasmar sin la necesidad de eyacular. Asimismo, tras la eyaculación se produce la resolución y el período refractario. Y aquí me vais a permitir que repasemos un poco de biología de bachillerato (¿sigue existiendo el bachillerato…? ¿Sigue existiendo la biología…?).
Recordad que cuando el hombre eyacula se produce lo que se denomina resolución, etapa en la que la erección se relaja. Posteriormente, se sucede el período refractario, que no se da en mujeres, y por el cual no puede producirse una nueva erección hasta su término. Esto nos impide que nuestro sumiso orgasme de nuevo si eyacula, al contrario que con una sumisa, que sí lo podemos lograr.
¿Qué hacemos? ¿Lo tenemos todo perdido? No. Únicamente hay que impedir la eyaculación.
Vamos a ver cómo.
Lo primero y más importante: la comunicación con nuestro sumiso es esencial. Vamos a pedirle que nos comunique el momento en el que tenga la inminencia de eyacular.
Hay varios métodos:
–Cinturón de castidad. Al igual que no sirve para todo tipo de sumisos hembra, el cinturón de castidad es efectivo para los machos.
–No estimular la zona genital. Si no quieres gastar tu dinero en cinturones, solo tienes que evitar la estimulación genital a tu sumiso.
Estos dos sistemas se enfocan a la negación del orgasmo. Vamos a ver cómo hacerlo de tal modo que llevemos a nuestro sumiso al punto más alto de excitación sin que eyacule, para luego volver a hacerlo las veces que queramos:
–El apretón. Es la técnica más usada. Es fácil, consiste en apretar la uretra (la base del pene, justo sobre el escroto), cuando nos avise que va a orgasmar. Cuando hagamos esta técnica, pararemos toda estimulación hasta que se disipe la sensación del orgasmo. Asimismo, se debe de proseguir paulatinamente para que no se pierda la erección.
No obstante, conocer al sumiso es muy importante, porque hay sumisos a los que esta técnica les resulta tan desagradable que pierden la erección. Así que habrá que usar otra cosa.
–La compresión. Consiste en que, cuando llega la inminencia del orgasmo, se para y se hace presión sobre la cabeza del pene.
Para ello, se coloca el pulgar en la parte inferior de la cabeza del pene, por encima del frenillo, y con el dedo índice y medio presionar por encima del pene, cerrando la uretra. La presión se debe mantener unos segundos, pero sin apretar demasiado y que no cause dolor.
Esto también puede resultarle desagradable al sumiso y hacerle perder la erección. No es lo común, pero puede ocurrir.
Por eso, uno de los sistemas más sencillos y fáciles de practicar es, directamente, parar toda estimulación cuando el sumiso sienta la inminencia de eyacular, y antes de que llegue al punto de no retorno. Luego podemos retomar el tipo de práctica que estemos realizando comenzando más lento y/o suave.
Claro, para hacer esto último el sumiso debe no solo avisar, sino conocer lo suficientemente bien sus sensaciones pre eyaculatorias como para saber que no ha llegado al punto de no retorno. Esto se consigue a través de la masturbación y conociendo las diferentes sensaciones de excitación que se experimenta.
Si tu sumiso no es capaz de distinguir las diferentes sensaciones previas a la eyaculación, haremos como con el sumiso hembra: entrenamiento. Puede ser divertido y una dinámica diferente de sesión.
Para esto usamos la técnica de “parada y arranque”, que la puede hacer el sumiso solo como tarea para casa, o hacerla el Dom como parte del entrenamiento. Tiene unos pasos, pero la podemos modificar a nuestro gusto:
1. La primera sesión de entreno incluye masturbarse con la mano seca, haciendo 3 movimientos y parando 2 o 3 segundos. Después de cada pausa debe hacer nuevamente 3 movimientos y parar. Se realizan 10 series, es decir, se hace esto 10 veces. Si se eyacula antes de lograr las 10 veces, esta dinámica se repite en las siguientes sesiones hasta que se consiga.
2. Una vez superado el primer ejercicio, en la siguiente sesión vamos a hacer lo mismo, pero con 5 movimientos en lugar de 3, intercalando las pausas. Así hasta lograr 10 series. Si no se logran las 10 series, se repite en otra sesión hasta que se consiga.
3. Superado, pues, se pasa a una sesión de 7 movimientos y 10 series. Si no se alcanza, lo mismo, repetiremos el ejercicio en la siguiente sesión hasta que se consiga.
4. La siguiente sesión consiste en volver al primer ejercicio de los 3 movimientos, pero usando lubricante.
5. Las sesiones sucesivas serán las mismas que las anteriores, pero con lubricante hasta conseguir los 7 movimientos en 10 series.
Cada ejercicio se tiene que hacer en una sesión diferente, no hay que hacerlos seguidos o exprimiremos al sumiso. Asimismo, no es necesario que el Dom lo haga, lo puede hacer el sumiso como ejercicio particular.
Un modo efectivo de realizar este entrenamiento es que el sumiso haga todos los ejercicios por su cuenta y, cuando los haya superado, que los realice el Dom con el fin de evaluarlo.
Es necesario que el sumiso recuerde que el objetivo de esta práctica es que aprenda a reconocer las sensaciones en los ejercicios y que, por consiguiente, aprenda a reconocer la inminencia eyaculatoria y cuando entra en el punto de no retorno.
También hay que tener en cuenta la respiración, como en el caso de los sumisos hembra, procedimiento que se puede consultar en el artículo a tal efecto.



