El budismo y el sendero de la mano izquierda

Budismo

Fijaos lo que dice Nietzsche en el segundo fragmento de su libro El nacimiento de la tragedia: “¿es el pesimismo necesariamente signo de declive, de ruina, de fracaso, de instintos fatigados y debilitados, como lo fue entre los indios, como lo es según todas las apariencias entre nosotros, los hombres europeos modernos…?”

¿A qué se refiere exactamente Nietzsche con esto de “los indios? ¿Qué es esto del pensamiento de los indios? Con la palabra “indios” Nietzsche se está refiriendo a las lecturas que durante su época de juventud realizó de la obra de Arthur Schopenhauer.

Schopenhauer ha sido uno de los filósofos más importantes del siglo XIX y su importancia, además, radica, entre muchos otros aspectos de su desarrollo intelectual en el hecho de que fue el primer europeo en comenzar a considerar de una forma seria el pensamiento oriental, en empezar a incorporar a la filosofía europea ideas orientales y que además se transformó en un verdadero experto en budismo. Así que con esta expresión de “los indios”, Nietzsche se está refiriendo concretamente a la mentalidad de los budistas, a la cosmovisión religiosa budista.

Pero ¿a qué se refiere Nietzsche al hacer esta caracterización, esta comparación, al decir que los budistas se caracterizan por el pesimismo? Para entenderlo bien, vamos a pensar un momento ¿cuál es la clave fundamental de la religión budista? ¿Cuál es la máxima aspiración de esta religión? ¿Qué es lo que busca exactamente el budismo? Como todos bien sabéis, el núcleo fundamental, el centro de las enseñanzas de la religión budista es la negación del deseo, la anulación de la acción como camino, como camino privilegiado para alcanzar ¿el qué? Para dejar de sufrir, para parar de una vez la cadena infinita de reencarnaciones.

El volver a vivir una y otra vez. Quiere parar esa cadena. Porque la vida para el budismo en si misma, da igual lo que hagamos, la vida es sufrimiento. Así que la religión budista afirma que el individuo puede romper la cadena de reencarnaciones, dejar de volver al mundo físico y este sería el objetivo final de esta religión, fundirse con una especie de energía cósmica universal, una especie de flujo energético universal en el cual de algún modo la individualidad del yo se diluye, se pierde en la nada, en ese “todo” y por fin llega la calma, es decir, la nada, la absoluta desaparición del yo, el nirvana.

Por tanto, los principales problemas que ve el budismo son la vida como inevitable cadena de sufrimientos, el yo como forma extrema de apego que impide la disolución de la identidad en la nada. Son comunes en todo el budismo ortodoxo “las cuatro nobles verdades” siendo la primera que la existencia es sufrimiento (Dukkha) y de ella surgen las siguiente tres nobles verdades y el consecuente “noble óctuple sendero” para la eliminación del sufrimiento.

En el sendero de la mano izquierda se prioriza el bienestar personal desde una perspectiva individualista, anteponiendo la satisfacción del individuo sobre cualquier otra consideración ética, sabemos que hay sufrimiento, pero preferimos gozar de la vida, nadie puede asegurar un estado metafísico superior mejor, como por ejemplo el paraíso cristiano. La única vida que existe es esta y en ella nos jugamos todas nuestras posibilidades, todo lo que podemos llegar a ser, todo lo que podemos llegar a sentir y experimentar, todas las personas que podemos llegar a conocer, preferimos entender la vida como una celebración y es por eso que no queremos que acabe, es el lugar para la acción, el único lugar posible para la alegría y la realización. La muerte, en cambio, no es nada, no hay nada en ella, ni alivio, ni descanso, ni paz. La contraposición, el choque entre estas dos formas de entender la realidad y el sentido de la vida humana no puede ser más violento. Esta visión de “los indios” que llama Nietzsche, esta visión del budismo oriental es una negación de la vida, un pesimismo vital frente a la voluntad de poder.

Las religiones y escuelas esotéricas de la mano derecha fomentan la renuncia, el abandono del ego, la moralidad, el escetismo, el sacrificio, demonizan el deseo, creen que las acciones buenas o malas serán pagadas acordemente, ya sea con el cielo o el infierno o que se aplicará la ley del karma, tienen reglas, hay una autoridad, un gurú, un maestro, un dios, un dogma, un profeta, y el papel de las personas aquí es obedecer, eso tiene una ventaja, le da orden a la gente, una idea de un camino correcto, pero también tiene un precio, se nos acostumbra a pensar de la siguiente forma “yo no tomo mis decisiones”, sigo lo que me dicen, lo que me dice la iglesia, lo que me dice mi familia espiritual, hay quienes se conforman con esto y aparece el miedo, la culpa, el “que dirán”, el “me van a castigar”, el que “soy malo porque no pienso como el rebaño”, en cambio en caminos como el sendero de la mano izquierda, no te dicen «obedece», te dicen algo mas duro, «házte responsable de ti mismo, de tus actos, de tu vida».

El sendero de la mano izquierda es más arduo, ser responsable de uno mismo es más dificil, no se puede echarle la culpa al demonio, a los planetas, a una maldicion, a la iglesia, a la suerte de las cosas… Nos toca mirar como resolver todo y tomar decisiones. Este concepto se asocia con el Adversario, este simbolo encaja con esa mentalidad porque el Adversario es el que contradice, el que pone a prueba, el que no se traga el cuento, este símbolo le habla a la gente que está cansada del miedo, del sentimiento de culpa y a la gente que quiere sostener su vida con criterio propio.

Por otro lado puedo atestiguar que después de casi veinticinco años de práctica budista he observado que absolutamente nadie está libre del deseo, del apego a los aspectos mundanos y mucho menos han abandonado el ego, primando sus acciones en el beneficio de la comunidad y en detrimento del suyo, lo cual es muy normal y sano. Lo que falla entonces es el enfoque, que no es realista, ya que se persigue y se vende una quimera.

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