Estrategias de difamación

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Por Blackburn

Ante la imposibilidad, dice Nietzsche de superar la altura de los griegos, ante la capacidad de no hacer nada frente a su peso cultural, a lo largo de la historia podemos detectar la aparición de dos estrategias fundamentales centradas en apartarlas de la memoria, en eliminarlos del presente. Estas dos estrategias se han basado, por un lado en el desprestigio por difamación moral y por otro, en el olvido por amnesia inducida. Procesos que no han sido una inocente natural consecuencia del paso del tiempo. Este primer proceso del desprestigio por difamación moral proviene de la mano de los cristianos y en una segunda ola de la mano de los modernos, que veremos más adelante.

Los cristianos de los tres primeros siglos de nuestra era, sintiéndose acorralados por la cultura greco-romana que los despreciaba, los perseguía o los ignoraba, iniciaron un proceso de difamación, de minado de la imagen de los griegos, basado en ataques de tipo moral. Estos primeros cristianos toman todos los méritos griegos en el ámbito intelectual, en el ámbito cultural, y los intentan difamar apelando a sus costumbres y modos de vida, refiriéndose a su intimidad personal.

Es decir, en la medida en que no podían competir con los griegos de ninguna forma, a nivel racional, científico, matemático, literario, poético, lo que empezaron a hacer fue degradar a sus rivales a nivel moral, una estrategia que, por cierto, lamentablemente sigue siendo muy utilizada en nuestros días, cuando no hay nada que decir contra una persona, se apuesta por hablar de su inmoralidad desde el punto de vista de su intimidad, difamando a base de mentiras.

No fueron ataques inocentes aleatorios creados por gente ignorante, sino que vinieron de la mano de personas cultas que sabían perfectamente lo que estaban haciendo. El texto que vamos a leer aquí es un fragmento extraído del “Apologeticum” de Tertuliano, esctricto padre de la iglesia cristiana:

“En la filosofía moral veréis cuan poco se parecen los filósofos y los cristianos porque si hablo de pureza, hallo parte de una sentencia de los atenienses contra Sócrates por violador de muchachos. El cristiano no muda el sexo femenino. Halló también a Friné manceba de Diógenes, que, como puerca, ardía en el regazo del poltrón filósofo. Veo también a cierto Espeusipo platónico muerto en la fragancia de un adulterio. El cristiano solamente nació hombre para una sola mujer. Demócrito se sacó los ojos porque no podía mirar sin concupiscencia a las mujeres. El cristiano sin mirar ve a las mujeres; para torpezas tiene ciega la consideración”

A continuación vamos a analizar basándonos en datos históricos cada una de estas calumnias:

Sócrates como violador de muchachos

El argumento central es que los filósofos, aunque buscaban la sabiduría, carecían de la “guía divina”. Sócrates fue juzgado y condenado a muerte en el 399 a.C. bajo los cargos de impiedad (no creer en los dioses de la polis) y corromper a la juventud. La acusación formal no fue por «violador de muchachos», la crítica cristiana utilizaba la estrecha relación maestro-alumno para vestirla de pederastia.

Sócrates fue acusado de corromper a la juventud porque sus enseñanzas fomentaban el pensamiento crítico, cuestionando la autoridad, las tradiciones y la religión establecidas en Atenas. Su método dialéctico llevaba a los jóvenes a dudar de la sabiduría de sus mayores y de los líderes políticos, siendo percibido como una amenaza al orden social.

Friné manceba de Diógenes, que, como puerca, ardía en el regazo del poltrón filósofo

En este pasaje, Tertuliano está defendiendo la moralidad de los cristianos frente a las acusaciones de los paganos, señalando que, a diferencia de los filósofos griegos paganos, los cristianos mantienen una conducta sexual estricta («el cristiano no muda el sexo femenino», implicando fidelidad monógama).

Usa la anécdota de Friné, una famosa hetaira (cortesana) de la Antigua Grecia, y su relación con el filósofo cínico Diógenes de Sinope para ilustrar la supuesta falta de pudor de los filósofos paganos, a quienes críticos como Tertuliano a menudo retrataban como hipócritas o disolutos, sin dudar en tildar a Friné como “puerca”.

La frase «ardía en el regazo del poltrón filósofo» es una expresión condenatoria del estilo de vida cínico, caracterizado por el desprecio a las convenciones sociales (cinismo).

Veo también a cierto Espeusipo platónico muerto en la fragancia de un adulterio

Espeusipo (c. 407-339 a.C.) fue un filósofo griego, sobrino de Platón, que asumió la dirección de la Academia tras la muerte de su tío en el 347 a.C.. A pesar de ser su sucesor, desarrolló una línea crítica, enfocándose más en el pitagorismo y menos en la teoría de las Ideas platónica, priorizando los números y el estudio del mundo sensible.

Según relata Diógenes Laercio, Espeusipo murió en el acto de adulterio, sorprendido en una situación deshonrosa («murió en la fragancia de un adulterio») que no fue más que un rumor reportado por Diógenes en “Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres”. Es importante notar que Diógenes Laercio cita fuentes antiguas que a menudo eran hostiles a los filósofos, por lo que tales relatos tienen una carga difamatoria.

Demócrito se sacó los ojos porque no podía mirar sin concupiscencia a las mujeres

El «cristiano» va más allá: no necesita sacarse los ojos físicamente porque tiene «ciega la consideración», es decir, ha disciplinado su mente, su voluntad y su mirada interior para no desear, incluso viendo. La cita resalta una diferencia entre la mutilación física del pagano (quitar el instrumento del pecado) y la renovación espiritual del cristiano (dominar el pecado en el corazón).

Aunque la historia de que Demócrito se cegó es considerada por historiadores modernos más una anécdota inventada (o una interpretación de su ceguera en la vejez por estudiar demasiado) que un hecho histórico, fue muy utilizada en la antigüedad para reflexionar sobre el dominio de las pasiones.

La “concupiscencia” que bonito palabro. Todas las pasiones que identifican al ser humano negadas es negar al ser humano. ¿Hay algo más perverso que suprimir, reprimir, negar nuestras sombras en lugar de abrazarlas, comprenderlas? Es la neurosis que acaba en abuso, en descontrol de las pasiones más oscuras, en sacerdotes pedófilos.

Vemos la carga de difamación, la carga de desprestigio que está introduciendo Tertuliano, son interpretaciones hechas claramente a mala leche.

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